Continent méditerranéen

Cómo ahorrar agua sin sacrificar la agricultura

Frente a sequías más tempranas e intensas, varios territorios mediterráneos se ven obligados a replantear su relación con el agua. En Marruecos, las decisiones agrícolas cuestionan la sostenibilidad de un modelo orientado a la exportación. En Túnez, el avance del desierto ya debilita las tierras, los oasis y las poblaciones rurales. En el sureste de Francia, las autoridades ahora invierten en una gestión más moderada del recurso. Tres situaciones diferentes que cuentan una misma urgencia, seguir produciendo sin agotar el agua.

Este artículo es un resumen de tres artículos publicados en 22-med, disponibles en los 11 idiomas utilizados en el sitio.

En el Mediterráneo, la sequía ya no es solo una amenaza estacional. Ya obliga a los territorios a decidir entre usos agrícolas, necesidades de la población y preservación de los recursos. Desde Marruecos hasta Túnez, y hasta el sureste de Francia, las respuestas difieren, pero todas plantean la misma pregunta: ¿cómo seguir produciendo sin agotar el agua disponible?

Producir cada vez más, con un agua cada vez más escasa

En Marruecos, la sequía ya no es un episodio excepcional sino una realidad duradera. En 2025, el país ha entrado en su séptimo año consecutivo de déficit hídrico, mientras que las presas alcanzan niveles históricamente bajos. Sin embargo, el modelo agrícola sigue estando en gran medida basado en cultivos de exportación particularmente demandantes de agua, como las sandías, los aguacates o los tomates. Por sí solo, el sector agrícola concentra cerca del 87 % de las extracciones de agua del país.

Para responder a esta presión creciente, las autoridades aceleran el desarrollo de plantas desalinizadoras, transferencias de agua entre cuencas y la reutilización de aguas residuales. Soluciones tecnológicas consideradas indispensables para asegurar el suministro de las ciudades, pero que no responden a una cuestión de fondo: ¿deberíamos seguir produciendo de la misma manera cuando el recurso se vuelve escaso? Varios investigadores abogan por una reorientación progresiva hacia cultivos menos demandantes de agua y una mejor valorización de la agricultura de secano, para preservar de manera sostenible los recursos hídricos.

Cuando el desierto se convierte en una realidad

En Túnez, las consecuencias de la falta de agua ya son visibles. En el sur del país, la desertificación avanza, las tierras agrícolas retroceden y los oasis luchan por mantener su equilibrio. Los especialistas estiman ahora que cerca del 80 % de los suelos están amenazados por la aridez. Esta evolución debilita tanto las actividades agrícolas como las poblaciones rurales, enfrentadas a la disminución de los recursos y al acceso a veces difícil al agua potable.

Ante esta situación, las iniciativas se multiplican: restauración de tierras, creación de un cinturón verde, recuperación de técnicas ancestrales de recolección y reparto del agua en los oasis. Pero para muchos expertos reunidos durante la cumbre Désertif'actions en Djerba, estos esfuerzos siguen siendo insuficientes frente a una crisis que se ha vuelto estructural. La escasez de agua ahora supera las fronteras tunecinas, como lo demuestra la cooperación iniciada entre Túnez, Argelia y Libia en torno a la gestión del gran acuífero sahariano.

Aprender a gestionar de otra manera el recurso

En el sureste de Francia, las colectividades han optado por anticiparse en lugar de sufrir. Lanzado tras las sequías de 2022, el Plan Oro Azul se basa en una idea simple: cada ahorro de agua cuenta. Modernización de las redes de riego, mejora de la gobernanza, reutilización de aguas residuales tratadas, conocimiento de los acuíferos subterráneos o incluso acompañamiento a los agricultores hacia prácticas más sostenibles constituyen los principales ejes de esta estrategia regional.

Los primeros resultados muestran que los márgenes de progreso siguen siendo importantes. Gracias a las herramientas digitales, los sensores y un riego mejor gestionado, algunas explotaciones ya logran reducir significativamente sus consumos sin disminuir su producción. Para los responsables del programa, ya no se trata de esperar un retorno a la situación pasada, sino de construir un modelo capaz de resistir a sequías que se prevé serán más frecuentes. Un enfoque que podría inspirar a otros territorios mediterráneos enfrentados a los mismos desafíos.

Una misma urgencia mediterránea

Alrededor del Mediterráneo, las respuestas difieren pero el diagnóstico es compartido. El agua ya no es un recurso considerado como garantizado. Entre la revisión de los modelos agrícolas, la adaptación de los territorios y las nuevas formas de gobernanza, estas experiencias muestran que preservar el recurso no implica necesariamente renunciar a producir. Cada una a su manera, dibujan los contornos de una agricultura mediterránea llamada a convivir de manera sostenible con la escasez de agua.

La agricultura constituye uno de los principales ejes del Plan Oro Azul © Helenalopes-Pexels

Foto de portada: en el sur, el riego de las palmeras datileras solo se asegura al 70% © Houari Besserir- Pexels