Continent méditerranéen

Proteger los bosques es mejor que explotarlos para luchar contra el clima

¿Y si la mejor arma contra las olas de calor ya estuviera en la naturaleza? Un estudio revela que los bosques mediterráneos estrictamente protegidos pueden ser hasta 2°C más frescos que los bosques explotados. Una diferencia discreta, pero crucial, que ilumina el papel estratégico de estos ecosistemas frente al cambio climático.

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Proteger los bosques es mejor que explotarlos para luchar contra el clima
22-med – mayo 2026
• Los bosques mediterráneos estrictamente protegidos pueden ser hasta 2°C más frescos que los bosques explotados.
• El proyecto MEDFORGEN se basa en la diversidad genética para fortalecer la resiliencia de los ecosistemas forestales del sur mediterráneo.

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Por Patrick Abi Karam – periodista

En pleno verano mediterráneo, cuando el calor sofoca los paisajes, algunos bosques escapan a este sobrecalentamiento. A pocos kilómetros de distancia, bajo doseles más antiguos y densos, el aire sigue siendo más respirable, los suelos más húmedos y la vida menos amenazada. Este contraste, largo tiempo descrito por ecólogos y botánicos, ha sido cuantificado con precisión. Un estudio realizado en Italia muestra que los bosques mediterráneos estrictamente protegidos pueden ser hasta 2°C más frescos que los bosques vecinos explotados. Una diferencia modesta en apariencia, pero decisiva en un momento en que las olas de calor se intensifican.

Un proyecto regional para preservar la diversidad genética

El proyecto Mediterranean Forest Genetic Resources Network (MEDFORGEN) marca el inicio de una colaboración ambiciosa para preservar la diversidad genética de los ecosistemas forestales en el Mediterráneo. Impulsado por la facilidad mediterránea del Instituto Europeo de Bosques (EFIMED), este proyecto reúne a diez países del vecindario sur de la UE: Argelia, Egipto, Israel, Jordania, Líbano, Libia, Marruecos, Palestina, Siria y Túnez. ¿Su objetivo? Fortalecer la resiliencia de los bosques mejorando el conocimiento sobre los recursos genéticos forestales (FGR), identificando unidades de conservación genética (GCUs), caracterizando genéticamente especies clave y promoviendo el uso estratégico de material reproductor forestal (FRM) en los programas de restauración. MEDFORGEN se inspira en el programa europeo EUFORGEN, que trabaja desde hace 30 años por la conservación y el uso sostenible de los FGR en Europa. El proyecto también contribuirá a enriquecer el sistema de información EUFGIS (plataforma que centraliza datos geolocalizados sobre la conservación de los recursos genéticos de los árboles) integrando datos sobre especies mediterráneas y sus sitios de conservación, ampliando así el alcance ecológico y evolutivo de esta herramienta. Financiado por la Unión Europea, MEDFORGEN fue lanzado oficialmente en marzo de 2026.

Mapa que representa las áreas consideradas en el estudio. Las áreas coloreadas corresponden a las diferentes clases de gestión, desde la reserva estrictamente protegida (SR) y el parque natural (NP) hasta el bosque productivo (PF), para un mismo tipo forestal (bosque esclerófilo mixto dominado por Quercus ilex L., que se desarrolla en relieves marno-calcáreos).

Una experiencia a gran escala

Para comprender este fenómeno, los investigadores han observado durante diez años las temperaturas estivales de varios bosques en Toscana. Gracias a los satélites, han medido el calor emitido por la capa superior formada por las hojas de los árboles, la canopia, en tres tipos de espacios: una reserva integral protegida desde los años 1960, un parque natural sometido a una gestión moderada y bosques explotados para la madera. Los resultados dibujan una jerarquía clara. En la reserva estrictamente protegida, la temperatura máxima media alcanza 33,3°C, frente a 35,4°C en los bosques explotados. Entre ambos, las zonas protegidas pero gestionadas ocupan una posición intermedia. Más sorprendente aún: durante los episodios de calor extremo, la diferencia se amplía. El bosque dejado a su suerte actúa como un amortiguador térmico, atenuando los picos de temperatura.

La importancia de la diversidad genética

Como destaca Magda Bou Dagher Kharrat, coordinadora del proyecto MEDFORGEN: « La diversidad genética está en el corazón de la resiliencia de los bosques. Permite a los árboles recuperarse de las perturbaciones y adaptarse al cambio climático. Sin ella, corremos el riesgo de perder tanto los bosques como las comunidades que dependen de ellos. » MEDFORGEN tiene como objetivo establecer hojas de ruta nacionales para la conservación de los FGR, identificar unidades de conservación genética en cada país y fortalecer las capacidades institucionales a través de universidades y centros de investigación. Los primeros resultados del taller de Valencia revelaron que, aunque existen esfuerzos de conservación en la región, la atención prestada a la diversidad genética forestal sigue siendo limitada y la coordinación entre las instituciones de investigación y las autoridades forestales puede mejorarse. Sin embargo, todos los países participantes expresaron un fuerte compromiso con la colaboración regional y el intercambio de conocimientos.

El papel discreto de la complejidad

Detrás de estas cifras se esconde una mecánica ecológica sutil. Un bosque protegido durante varias décadas no tiene mucho en común con un bosque explotado. Los árboles son más altos, más viejos y más variados. La canopía forma una bóveda espesa que filtra la luz y limita el calentamiento del suelo. Esta arquitectura vegetal también favorece un fenómeno esencial: la evapotranspiración. Al liberar vapor de agua, los árboles disipan el calor, a modo de un aire acondicionado natural. Cuanto más denso y húmedo es el bosque, más marcado es este efecto de enfriamiento.

Jean Stéphan, experto en ecología forestal, confirma esta observación: « Por defecto, todo bosque antiguo es más resiliente. Los bosques explotados, a menudo jóvenes (menos de 100 años) y compuestos por 1 a 2 especies como el pino, son talados en un ciclo de 50 a 70 años. Son densos, sin sotobosque ni aireación, lo que limita la circulación de aire fresco. » Añade: « Hay que dejar tiempo a los bosques para que se estructuren, porque mantenerlos tal cual aumenta el riesgo de incendios y plagas si no se gestionan adecuadamente. » En cambio, los bosques explotados presentan claros, árboles más jóvenes y una estructura simplificada. La luz penetra más, el suelo se calienta más rápido, el aire se seca. El bosque pierde entonces parte de su capacidad para regular su propio clima.

Stéphan insiste en la necesidad de diversificar los ecosistemas: « Los bosques explotados carecen de biodiversidad y resiliencia. Se necesitan al menos 5 especies forestales (especies de árboles) por hectárea, con al menos un árbol muy antiguo, y 2 árboles muertos por hectárea para fomentar la biodiversidad (aves, insectos, lianas, hiedra, plantas con flores). » También subraya que « ciertos matorrales de encinas son menos vulnerables a las actividades humanas, pero a los eventos climáticos debido a la topografía. »

Mapa de la temperatura de la superficie terrestre derivada de datos de teledetección, con contornos coloreados que indican las tres zonas de gestión (SR, NP, PF).

En los bordes, el calor se infiltra

El estudio también pone de relieve un fenómeno a menudo invisible: el efecto de borde. A medida que uno se acerca a los límites del bosque, la temperatura aumenta considerablemente. Allí donde se encuentra con carreteras, campos o zonas explotadas que acumulan el calor de manera considerable. Esta influencia puede extenderse varios cientos de metros dentro del dosel forestal. En los márgenes, los árboles están más expuestos al sol y al viento, la protección térmica se debilita y el bosque se vuelve más vulnerable.

Jean Stéphan alerta sobre la vulnerabilidad de ciertas especies: « Especies como el Abies cilicica (el Abeto de Cilicia) o el Juniperus foetidissima (Junípero hediondo) son muy vulnerables a la fragmentación, ya que son ecosistemas aislados que pueden sufrir de una falta de diversidad genética, base de toda resiliencia. » Hace un llamado a una acción urgente: « No podemos esperar más, hay que restaurar los bosques de manera científica y con la ayuda de los locales. Los bosques mediterráneos han sido gestionados por el hombre durante demasiado tiempo, por lo que una preservación general no es suficiente. Hay que elegir sitios alejados de las actividades humanas y en concordancia con los modos de vida de los locales. » También propone « interesarse por las variedades silvestres frutales como portainjertos de las especies frutales domésticas, ya que son más resistentes al calentamiento climático, enfermedades, plagas ... »

Este hallazgo subraya un desafío importante: un bosque fragmentado, dividido por las actividades humanas, pierde eficacia climática. En cambio, los grandes macizos continuos conservan mejor su frescura.

El ecólogo concluye: « La naturaleza no reconoce fronteras políticas. Para conservar una especie, hay que proteger la totalidad de su pool genético, que se extiende por toda su área geográfica. Es en esta diversidad donde reside la resiliencia: los alelos adaptados a la sequía en el sur, los genotipos tolerantes al frío en el norte, o las poblaciones pre-adaptadas a las condiciones futuras. » Es en esta perspectiva que MEDFORGEN adopta un enfoque transfronterizo.

Más allá de las temperaturas medias, los investigadores han observado otra ventaja de los bosques estrictamente protegidos: su estabilidad. De un año a otro, las variaciones térmicas son más bajas. En otras palabras, estos bosques amortiguan los extremos.

En un mundo donde las olas de calor se vuelven más frecuentes e intensas, esta estabilidad es valiosa. Permite a muchas especies sobrevivir en microclimas más benignos, mientras que las condiciones exteriores se vuelven hostiles.

Dejar que el bosque actúe

En un momento en que las estrategias climáticas buscan soluciones rápidas, estos resultados recuerdan una evidencia a veces olvidada: la naturaleza tiene sus propios mecanismos de regulación, siempre que se le dé tiempo.
Proteger estrictamente ciertos bosques, limitar las intervenciones humanas, restaurar continuidades ecológicas… estas enfoques podrían jugar un papel clave en la adaptación al cambio climático. En la cuenca mediterránea, particularmente expuesta al calentamiento, el desafío es crucial. Porque aquí, más que en otros lugares, cada grado cuenta.
Y en el silencio de los bosques antiguos, dos grados menos pueden marcar toda la diferencia.

Ceremonia de lanzamiento de MedForGen © MEDFORGEN / EFIMED