Continent méditerranéen

Plastic Odyssey: del océano global a la urgencia mediterránea

De regreso a Marsella tras más de tres años de expedición, el barco Plastic Odyssey presenta un diagnóstico contundente: la contaminación plástica es difusa, invisible, pero presente en todas las costas. La buena noticia es que esta iniciativa impulsada por Simon Bernard con fondos únicamente privados está cambiando de escala. Apoyada ahora por la UNESCO y invitada a cumbres internacionales, tiene la ambición de transformar el Mediterráneo en un laboratorio de acciones concretas, en contraposición a la inercia diplomática.

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Plastic Odyssey, del océano global al desafío mediterráneo
22-med – abril 2026
• Después de 42 meses de expedición, Plastic Odyssey muestra que la contaminación plástica se concentra sobre todo en las costas, incluyendo zonas protegidas que han sido invisibilizadas durante mucho tiempo.
• Apoyado por la UNESCO, el proyecto quiere hacer del Mediterráneo un terreno de acciones concretas, basándose en datos, iniciativas locales y cooperación regional.
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Partió de Marsella en 2022, y tras un recorrido por el Mediterráneo, el barco-laboratorio ha navegado durante 42 meses por las costas africanas, el sudeste asiático y el Pacífico. A lo largo de su viaje, la experimentación ha permitido documentar más de 300 iniciativas locales en 40 países y probar quince tecnologías de reciclaje. También ha demostrado que un colectivo en circuito cerrado – unas treinta personas a bordo del barco – puede reducir drásticamente su producción de residuos plásticos. Y ha revelado una realidad más compleja de lo esperado. «Esperábamos encontrar mucho plástico… pero la información del terreno nos obligó a afinar completamente nuestro enfoque», explica Simon Bernard, el presidente y cofundador de Plastic Odyssey. De una lógica inicial de difusión de soluciones de código abierto, el proyecto ha ido evolucionando hacia un modelo más sistémico para repensar toda una economía de residuos, desde la clasificación hasta la valorización.

Una contaminación concentrada en las costas

Contrariamente al imaginario colectivo, no existe un «continente de plástico» homogéneo flotando en el mar. El diagnóstico realizado por la expedición es más inquietante. «No hay una isla de residuos como se podría imaginar. El plástico se fragmenta, se hunde o se queda varado en costas, a menudo muy protegidas». Sitios aislados, a veces clasificados, concentran así volúmenes masivos de residuos. En algunas islas estudiadas, se han estimado hasta 500 toneladas de plástico. «El impacto es considerable… y nadie lo ve». Y ahí radica todo el paradoja.
Estas zonas protegidas, cerradas al ser humano para preservar los ecosistemas marinos y terrestres, se ven afectadas por el plástico que llega del mar, que se queda varado y no se retira. La asociación con la UNESCO marca un punto de inflexión para el programa. Abre el acceso a sitios protegidos y estructura un nuevo enfoque basado en datos. «Utilizamos imágenes satelitales para detectar la contaminación en los sitios protegidos y priorizar las acciones de descontaminación». El objetivo es cruzar las imágenes satelitales y los datos de campo para anticipar las zonas de acumulación. A largo plazo, algoritmos podrían guiar las intervenciones incluso antes de las misiones físicas. «La idea es hacer un primer análisis con los satélites… y luego ir al lugar con drones para afinar».

En un contexto donde pocos actores intervienen en estos territorios, Plastic Odyssey se posiciona como un potencial canal científico nuevo. Al mismo tiempo, el reconocimiento institucional de este proyecto está tomando forma.  «Fui invitado a presentar la asociación con la UNESCO… ante jefes de Estado. Es un verdadero reconocimiento.» Pero Simon Bernard se mantiene realista, «todos están muy interesados… el desafío es convertir este interés en financiamiento y acciones concretas.» Porque a pesar de su impacto, el proyecto sigue siendo financiado al 100 % por fondos privados, con alrededor de 2 millones de euros al año.

El Mediterráneo, próximo terreno de experimentación

Ahora es hacia el Mediterráneo donde se dirige Plastic Odyssey. Un mar cerrado, compartido por 22 países, donde los residuos circulan sin fronteras. «Nos gustaría identificar una decena de acciones concretas, aplicables de inmediato en cada país.» La ambición es crear una dinámica regional capaz de avanzar más rápido que las negociaciones internacionales. «Crear una especie de consorcio de los países mediterráneos para avanzar más rápido.» En un espacio marcado por tensiones geopolíticas, la contaminación plástica podría convertirse en un terreno de cooperación inédito, científica, económica y ciudadana.

Una economía del plástico por reinventar

A lo largo del viaje, se ha impuesto una evidencia: el plástico está en todas partes. «No sabemos hacer nada sin plástico… textil, coche, avión… está en todas partes.» Frente a esta dependencia, Plastic Odyssey explora alternativas concretas: producción local, circuitos cortos, fabricación sin embalaje. A bordo, un laboratorio cero residuos ha permitido reducir por diez el consumo plástico de la tripulación. «Fabricamos nosotros mismos lo que normalmente está envasado… y eso lo cambia todo.» Un modelo que la organización desea duplicar en tierra, en las ciudades mediterráneas.

Más allá de la tecnología, la expedición ha puesto de relieve el compromiso local en esta cuestión. «En todas partes, asociaciones, habitantes actúan con los medios disponibles. Son inventivos, ingeniosos. A veces han desplegado modelos virtuosos para el tratamiento y la reutilización de este tipo de residuos, que pueden ser duplicados.» Plastic Odyssey no impone soluciones. Las identifica, las documenta y las difunde. Se está estructurando una base de datos mundial, así como un MOOC para formar a emprendedores y comunidades. «En tres años, la percepción sobre nosotros ha cambiado.Ya no se nos ve de la misma manera… tenemos cosas concretas que mostrar.» En un Mediterráneo particularmente expuesto a las contaminaciones – mar cerrado, alta densidad humana, flujos comerciales intensos – la continuación del programa Plastic Odyssey podría servir así como demostrador. El desafío ya no es probar, sino acelerar. 2026, a través de numerosas escalas como la de Marsella (que se extendió durante unos quince días y concluyó ayer), debe permitir sensibilizar a las poblaciones de las ciudades costeras.

Febrero 2026, la limpieza imposible de la isla de Santa Luzia en Cabo Verde ©Marine Reveilhac

Foto de portada: la entrada de Plastic Odyssey en el Puerto de Marsella a principios de abril ©Marine Reveilhac