Le Rocher – Sidi Bel-Abbès: el agua residual como nuevo recurso

En la periferia de Sidi Bel-Abbès, una agricultura innovadora transforma las aguas residuales en un recurso estratégico. En tiempos de escasez de agua, esta experiencia local esboza las nuevas respuestas a las crecientes necesidades de agua. Durante mucho tiempo percibida como marginal, la reutilización de aguas residuales se impone poco a poco como un indicador de las tensiones venideras. A través del ejemplo de El Rocher, se perfilan los arbitrajes técnicos, económicos y políticos que redefinen hoy la gestión del agua en los territorios sometidos al estrés hídrico.

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El Rocher – Sidi Bel-Abbès, el agua residual como nuevo recurso
22-med – junio 2026
• En Sidi Bel-Abbès, las aguas residuales tratadas riegan huertos y preservan los acuíferos.
• La experiencia de El Rocher ilustra el potencial de la reutilización de aguas depuradas frente al estrés hídrico.
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Por Mohamed Mir

En el límite norte de El Rocher, zona periurbana de la ciudad de Sidi Bel-Abbès, el agua depurada que antes fluía hacia el uadi Mekerra sin otro uso ahora riega quince hectáreas de huertos de nectarinas. El agua que anteriormente se vertía en el medio natural ahora se reasigna parcialmente al riego agrícola, modificando los equilibrios locales de uso del recurso. En este sector situado a unos treinta kilómetros de Ténira, donde los acuíferos están sometidos a una fuerte presión por las perforaciones y los embalses, comienza a perfilarse otro camino: el de la reutilización de aguas residuales tratadas.

La historia de El Rocher no es de abundancia natural, sino de una iniciativa impulsada por Djamel Laghouati, un antiguo emigrante argelino que regresó a establecerse en la región. Desde 2022, el proyecto piloto de reutilización de aguas depuradas de la planta de tratamiento de Sidi Bel-Abbès ha permitido transformar lo que se consideraba un desecho en un recurso agrícola por derecho propio. Cada día, cerca de 3 000 m³ de agua se reintegran al circuito agrícola, contribuyendo a preservar los acuíferos al tiempo que aseguran la viabilidad de los cultivos.

Las situaciones observadas en Ténira y en El Rocher ilustran dos modos distintos de gestión del recurso hídrico. En la llanura de Ténira, la multiplicación de perforaciones profundas y embalses privados ha llevado a una sobreexplotación del recurso, hasta el punto de provocar el secado de pozos colectivos y una dependencia creciente de los camiones cisterna para el suministro de agua potable. Por el contrario, el sitio de El Rocher sugiere que un agua tratada y controlada puede, en ciertas condiciones, satisfacer parte de las necesidades agrícolas.

Como destaca el Sr. Djebbar: «Tenemos un recurso abundante, tratado, disponible todo el año, perfectamente utilizable para la agricultura, y lo vertemos en la naturaleza mientras que comunidades enteras carecen de agua para beber». Las cifras confirman esta paradoja: más de 36,000 m³ de aguas tratadas se procesan cada día en Sidi Bel-Abbès, es decir, cerca de 15 millones de metros cúbicos al año, un volumen que podría irrigar hasta 1,500 hectáreas de tierras agrícolas si se aprovechara plenamente.

El contraste entre los dos territorios es impactante. Por un lado, Ténira ve sus acuíferos agotarse debido a extracciones intensivas; por otro, Le Rocher demuestra que un agua ya disponible, tratada y renovable puede satisfacer de manera sostenible las necesidades agrícolas. «Solo 3,000 m³ por día se utilizan actualmente para la irrigación de un huerto de nectarinas, con resultados muy satisfactorios», precisa el Sr. Djebbar, quien destaca el potencial aún ampliamente desaprovechado de este modelo.

Le Rocher, un huerto irrigado por la innovación

En los huertos de Le Rocher, el agua que alimenta los sistemas de irrigación ha seguido un recorrido riguroso. Recogida en las redes de saneamiento de Sidi Bel-Abbès, es tratada en la planta de tratamiento antes de someterse a un tratamiento complementario por ozonización. Esta tecnología, desarrollada en el marco de trabajos realizados por la universidad Djillali Liabès de Sidi Bel-Abbès, permite eliminar los agentes patógenos y los compuestos indeseables sin dejar residuos químicos.

El proceso, experimentado con éxito en la estación de Moulay Slissen, se basa en la inyección de ozono, un oxidante potente que se descompone rápidamente en oxígeno. Así garantiza una calidad sanitaria compatible con la irrigación agrícola, al tiempo que preserva los suelos y los cultivos. Los resultados obtenidos muestran una mejora significativa de los parámetros físico-químicos del agua tratada.

La irrigación se basa en un sistema de goteo automatizado, que permite llevar el agua directamente al pie de los árboles. Este método limita las pérdidas por evaporación, optimiza la absorción de nutrientes y mejora los rendimientos. Los datos recogidos indican que las parcelas irrigadas con aguas tratadas presentan rendimientos superiores en un 22% a los observados en parcelas irrigadas de manera convencional, manteniendo al mismo tiempo un alto nivel de seguridad sanitaria.

Más allá de la experiencia local, la reutilización de aguas residuales tratadas se inscribe en una reflexión más amplia sobre la gestión sostenible de los recursos hídricos. En Argelia, el marco regulatorio existe desde la ley n° 05-12 del 4 de agosto de 2005, complementada por el decreto interministerial del 2 de enero de 2012, que establece las condiciones sanitarias y técnicas de esta práctica.

El país produce cada año cerca de 400 millones de metros cúbicos de aguas residuales, de los cuales solo una fracción se valoriza actualmente. Las proyecciones de las autoridades apuntan a llevar a 400,000 hectáreas las superficies agrícolas irrigadas con aguas tratadas para el año 2030. En esta perspectiva, las experiencias llevadas a cabo en Le Rocher y en otros perímetros piloto constituyen referencias concretas para acompañar una transición hacia una gestión más sostenible y más resiliente del recurso hídrico.

Un modelo en proceso de implementación

El éxito del proyecto piloto del Rocher abre el camino a una posible generalización de este modelo en otros territorios. Varios proyectos están actualmente en estudio o en desarrollo, evidenciando una dinámica comprometida en torno a la reutilización de aguas residuales tratadas.

La ampliación del perímetro irrigado del Rocher constituye uno de los ejes principales de esta evolución. Se prevé aumentar la superficie explotada de 15 a 50 hectáreas para el año 2027. Paralelamente, un nuevo perímetro irrigado de 100 hectáreas está en proceso de diseño en Sfisef, alimentado por la planta de tratamiento local. A estos proyectos se suma la modernización técnica de la planta de tratamiento de Sidi Bel-Abbès, con la instalación de un sistema de tratamiento terciario destinado a mejorar la calidad de las aguas tratadas y ampliar los usos agrícolas posibles. Un proyecto piloto de irrigación de cultivos energéticos, en una superficie de 15 hectáreas, también está previsto a corto plazo.

Según las proyecciones establecidas por la Dirección de Hidráulica, el potencial de reutilización de aguas depuradas podría alcanzar cerca de 15 millones de metros cúbicos por año a nivel de la wilaya. Tal volumen permitiría irrigar hasta 1,500 hectáreas de cultivos, ofreciendo una respuesta concreta a las tensiones hídricas observadas en zonas como Ténira.

Las experiencias llevadas a cabo en otros contextos refuerzan esta orientación. En Túnez, Jordania o incluso en algunas regiones de Europa, la reutilización de aguas residuales tratadas ya constituye un pilar central para la seguridad agrícola. A nivel nacional, el perímetro irrigado de Hennaya, alimentado desde 2011 por las aguas tratadas de la planta de Aïn El Houtz, ilustra la viabilidad de tales dispositivos en el contexto argelino.

La generalización de estas prácticas supone, no obstante, inversiones considerables, tanto para las infraestructuras de tratamiento como para las redes de distribución y los equipos agrícolas. La irrigación por goteo, aunque particularmente eficiente, representa un costo inicial importante para los explotadores. En este contexto, el despliegue de tales dispositivos supone, sin embargo, mecanismos de financiación adaptados, cuya viabilidad dependerá de los arbitrajes presupuestarios y de las prioridades públicas.

Margen de maniobra frente a la presión sobre el recurso

Se identifican pistas concretas y ya probadas para sacar a Ténira del impasse hídrico y extender, a mayor escala, enfoques comparables al del Rocher. Sin embargo, su implementación sigue vinculada a una gestión pública constante y a una coordinación territorial en torno al agua, que involucra a todos los actores.

Un primer eje concierne la evolución de las prácticas de irrigación, especialmente el uso de goteo automatizado y microaspersión de baja presión como parte de las opciones consideradas, con la idea de convertirlo en un estándar para toda nueva autorización. La reducción de la demanda también pasa por la elección de variedades frutales y vegetales menos consumidoras de agua, por una adaptación más rigurosa de las densidades de plantación al clima semiárido, así como por la realización de auditorías hídricas parcelarias regulares. La publicación de indicadores de consumo, sobre una base transparente, también se inscribe en esta lógica de fomento de mejores prácticas.

Un segundo eje se centra en la regulación de las extracciones. La implementación de un marco plurianual de volúmenes, en el que se priorice el agua potable y los usos domésticos, se encuentra entre las opciones propuestas. En las zonas consideradas críticas, como Ténira, esto también se refiere a la cuestión de los pozos ilegales, su cierre y la posibilidad de una suspensión temporal de nuevas autorizaciones. El funcionamiento de los embalses privados de almacenamiento también está en cuestión, con la perspectiva de una regulación más estricta que incluya un diagnóstico de impacto ambiental, volúmenes limitados según las capacidades de recarga del acuífero y, cuando las condiciones hidrogeológicas lo permitan, mecanismos de recarga artificial.

La transparencia de los datos constituye un tercer aspecto. La publicación mensual de los niveles piezométricos y los volúmenes bombeados por sector forma parte de las medidas contempladas, así como un mapeo exhaustivo de las zonas húmedas y los ecosistemas vulnerables que dependen de los acuíferos. La idea de redes de piezómetros ciudadanos, asociados a comités locales del agua, también se menciona en las propuestas. Estos comités reunirían a agricultores, autoridades electas, autoridades religiosas, asociaciones ambientales y representantes de la sociedad civil para estructurar un espacio de discusión y decisión más compartido.

La seguridad del suministro doméstico también es una de las prioridades. La reducción de pérdidas en las redes de agua potable, que a veces alcanzan el 40 % en algunas comunas, es uno de los desafíos inmediatos. También se destaca el desarrollo de interconexiones entre wilayas y la conexión a nuevas capacidades de desalinización, para reducir la presión sobre los acuíferos interiores. El proyecto de conectar Ténira a una planta de desalinización se presenta como una respuesta de emergencia, sin sustituir una gestión sostenible de los recursos locales.

Finalmente, la necesidad de un enfoque de ingeniería territorial más estructurado. Incluye el estudio de embalses colinares públicos multifuncionales, tanto para una irrigación más razonada, una recarga controlada de los acuíferos y la preservación de las funciones ecosistémicas. También comprende el establecimiento de un catastro hidráulico exhaustivo, actualizado regularmente y jurídicamente vinculante, así como la implementación de un balance hídrico científico y transparente de la cuenca. En este contexto, la definición colectiva de una tasa de extracción sostenible, respetando las capacidades de recarga, se acompañaría de un seguimiento de la evolución del acuífero mediante una red piezométrica densa y modernizada, y de la posibilidad de dispositivos de recarga artificial dirigida en las zonas estratégicas.

Una gestión más equitativa del agua

El contraste entre Ténira y Le Rocher pone de relieve dos enfoques muy diferentes de la gestión del recurso hídrico. Por un lado, un territorio enfrentado a una presión creciente debido a la intensificación de los usos agrícolas y la multiplicación de los pozos; por otro, una organización basada en la reutilización de aguas tratadas y la mutualización de infraestructuras, ofreciendo una alternativa más sostenible.

En este contexto, la cuestión de la valorización de las aguas depuradas vuelve al centro de los debates. Cerca de la estación de depuración de Sidi Bel-Abbès, su movilización para el riego representa una opción técnicamente disponible, susceptible de reducir la presión ejercida sobre los acuíferos y de ampliar el acceso al agua para los agricultores.

Como señala el Sr. Djebbar: «La explotación agrícola de las aguas depuradas constituye una solución importante e inmediatamente disponible. Es un recurso posible para todos los agricultores cuyas tierras están situadas aguas abajo de las estaciones de depuración.»

Este enfoque se inscribe en una reflexión más amplia sobre la necesidad de un control reforzado de los usos. Varios actores destacan la importancia de regular mejor las extracciones, de condicionar el acceso al agua a prácticas agrícolas controladas y de restaurar los entornos frágiles. La cuestión ya no es únicamente la disponibilidad del recurso, sino también su distribución y gestión colectiva.

En esta perspectiva, la reutilización de las aguas depuradas constituye uno de los ejes que permite conciliar la actividad agrícola y la preservación de los recursos. Se inscribe en una lógica a largo plazo que se basa en un marco regulador adecuado, un acompañamiento técnico a los agricultores y una coordinación reforzada entre los diferentes actores del territorio.

Una gestión del agua a repensar a escala territorial

El ejemplo de Rocher pone de relieve dos realidades contrastadas dentro de un mismo territorio. Por un lado, una agricultura que se apoya en la reutilización de las aguas depuradas y logra limitar la presión sobre los recursos naturales. Por otro, zonas como Ténira, donde la dependencia de los pozos profundos y las extracciones intensivas sigue debilitando los acuíferos.

Este contraste subraya la importancia de una gestión más coordinada y mejor planificada del recurso hídrico a escala local. La disponibilidad de aguas tratadas, hoy parcialmente inexplotadas, abre perspectivas para asegurar el riego agrícola, siempre que las infraestructuras, los marcos regulatorios y los mecanismos de seguimiento sean adecuados.

Las autoridades locales recuerdan que se pueden movilizar varios ejes para mejorar la gestión del agua, en particular la mejora de las redes de distribución, el control de las extracciones, la modernización de las prácticas agrícolas y el refuerzo del seguimiento técnico. En este contexto, la valorización de las aguas depuradas constituye una de las vías contempladas para reducir la presión sobre los acuíferos y asegurar una distribución más equilibrada del recurso entre los diferentes usos.

La experiencia de Rocher proporciona un caso de estudio útil para evaluar las condiciones en las que una gestión integrada del agua puede contribuir a mitigar las tensiones hídricas, sin constituir, sin embargo, una solución universal.

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