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Gravity Wave recicla el plástico marino en materia prima

El Mediterráneo es hoy en día uno de los mares más asfixiados por el plástico, con más de 200,000 toneladas de plástico vertidas cada año. Esta contaminación masiva amenaza la biodiversidad, la salud pública y los medios de subsistencia de las comunidades costeras. Amaia Rodríguez se dio cuenta de la magnitud del problema de los océanos tras una experiencia personal en Asia. Regresó con una certeza absoluta: no bastaba con concienciar, había que actuar de manera estructural. Con su hermano Julen, fundó Gravity Wave para abordar la limpieza marina de manera radical.

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Gravity Wave transforma el plástico marino en una materia prima estratégica
22-med – febrero 2026
• En el Mediterráneo, Gravity Wave se apoya en una red de 7,000 pescadores y más de 200 empresas para recolectar, rastrear y reciclar los desechos marinos.
• Más de 1.17 millones de kilos de plástico ya han sido recuperados, con trazabilidad blockchain y salidas industriales (paneles, materiales) para pasar del desecho a la recurso.
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Lo que comenzó en 2021 con un simple contenedor en el puerto de Calpe, en Alicante, se ha convertido hoy en un movimiento mundial para recuperar los desechos marinos y transformarlos en una materia prima de alto valor añadido para regenerar el mar Mediterráneo a través de soluciones sostenibles.

El proyecto se impone hoy como un movimiento mundial respaldado por las instituciones europeas, federando empresas, ciudadanos y administraciones en la lucha contra la contaminación plástica. “Haber superado el millón de kilos de plástico recuperado es un hito inmenso, pero lo más importante no es el número, es el sistema que hemos construido detrás: una red de más de 7,000 pescadores y más de 200 empresas que financian activamente la limpieza del mar”, explica Amaia Rodríguez, fundadora de Gravity Wave.

Han logrado transformar un elemento con una connotación tan negativa como los desechos en una materia prima de alto valor. Para ello, se apoyan en una cadena de valor que transforma el plástico marino en tres etapas: recolectan los plásticos y las redes con pescadores tradicionales, los reciclan para obtener una materia prima de alta calidad y los transforman en productos innovadores con impacto positivo.

Amaia Rodríguez, fundadora de Gravity Wave y Paco Catalá, patrón de la Cofradía de pescadores de Calpe ©-Gravity Wave

Como señala Amaia, no es un proceso simple. El plástico marino es uno de los desechos más complejos de reciclar debido a su alto grado de degradación. “Para poder transformarlo en paneles de alta resistencia, tuvimos que trabajar en estrecha colaboración con recicladores, ingenieros y centros tecnológicos. Hemos desarrollado procesos específicos de selección, trituración, lavado y formulación del material para garantizar la estabilidad, la resistencia mecánica y la durabilidad. No se trata solo de reciclar, sino de diseñar un material industrial que cumpla con las normas exigidas por el mercado. Cada red recuperada tiene una historia diferente, y nuestra innovación ha consistido en hacer de esta especificidad un activo, y no un problema”, precisa la fundadora.

Para que la economía circular sea real y no solo un simple relato, la transparencia es fundamental. “La trazabilidad es la clave para que este modelo sea creíble. Utilizamos la tecnología blockchain para registrar cada etapa del proceso: desde la recolección del desecho en el puerto, su peso y su origen, hasta su transformación final en producto”.

De residuo a recurso "premium"

Las cifras de impacto de Gravity Wave confirman la magnitud del proyecto. Hasta la fecha, han logrado recuperar 1,179,995 kg de plástico. Todo este proceso se beneficia de un impacto certificado gracias a la tecnología blockchain mencionada anteriormente. La procedencia del material revela una estrategia dual: el 64.8% de los desechos se recuperan directamente en los puertos, actuando así de manera preventiva, mientras que el 35.2% restante se extrae del fondo del mar.

Más allá de la limpieza, el éxito radica en la transformación. Actualmente, la organización cuenta con más de 317,000 kg de plástico valorizado en forma de materiales y productos innovadores como paneles reciclados para la construcción y la decoración interior. Uno de los mayores desafíos de este reciclaje marino es encontrarle un mercado competitivo.

“Lo hemos logrado demostrando que este material no es un desecho, sino una materia prima con una historia, un valor y un rendimiento técnico. Trabajamos en estrecha colaboración con arquitectos, diseñadores e industriales para que comprendan el material, lo prueben y confíen en él. Cuando ven que cumple con los requisitos y que, además, genera un impacto positivo real, deja de ser 'plástico reciclado' para convertirse en un material premium con sentido”, expone Amaia.

Para 2030, parece factible que los desechos marinos no sean percibidos como basura, sino como una materia prima estratégica. Para ello, como precisa, “Europa necesita recursos locales, trazables y de bajo impacto ambiental. La clave residirá en la regulación, la innovación y, sobre todo, en un cambio de mirada”.

El pescador, actor de la solución

Este proceso no sería posible sin la implicación directa de los pescadores. Como explica Paco Catalá, patrón de la Cofradía de pescadores de Calpe: “A menudo se ha señalado a la pesca como parte del problema, mientras que en realidad, somos los primeros interesados en un mar limpio. Proyectos como este ayudan a demostrarlo. Pone en valor nuestro oficio y nos presenta como una parte activa de la solución”.

Los cambios en el mar no se perciben de la noche a la mañana. “Durante un día de pesca normal, se puede recuperar tanto algunos kilos como cantidades mucho más grandes, depende del día y de la zona. Lo más preocupante es la cantidad de plástico que aparece lejos de las costas: redes, cuerdas, bidones, escombros de todo tipo. Nos damos cuenta de que el problema no es puntual, es constante”, relata el patrón.

Sin embargo, los resultados confirman que el esfuerzo vale la pena. “Menos desechos significa menos riesgos para las especies, menos 'redes fantasma' y un entorno más saludable. El pescador es el primero en notar cuando el mar va mal, pero también cuando empieza a respirar un poco mejor”, concluye.

© Gravity Wave

Foto de portada: trabajo de campo crucial para la recolección de plástico marino © Gravity Wave