Frente al cambio climático, la presión sobre los recursos naturales y la evolución de las necesidades alimentarias, surgen nuevas vías para producir de manera diferente. Algunas nacen en un laboratorio, otras en el corazón de una granja acuícola o en las orillas de una laguna mediterránea. Todas buscan preparar una alimentación capaz de adaptarse a los desafíos de las próximas décadas, sin romper con los conocimientos existentes.
Durante los meses de julio y agosto, 22-med ofrece a sus lectores una serie de síntesis temáticas. El objetivo es explorar un mismo desafío a través de experiencias, iniciativas y perspectivas complementarias llevadas a cabo a ambos lados del Mediterráneo. Este artículo es una síntesis de tres reportajes publicados por 22-med, disponibles en los 11 idiomas del medio.
La apuesta por un cacao cultivado en laboratorio, Caroline Haïat – Israel
Política alimentaria: Argelia apuesta por una especie de pescado sin hormonas, Tarik Hafid – Argelia
El alga roja, una alternativa natural a las gelatinas alimentarias, Lilia Blaise – Túnez
Ninguna de estas iniciativas pretende responder por sí sola a los desafíos alimentarios mundiales. Sin embargo, cada una abre un camino diferente, adaptado a su contexto, que cuestiona nuestra manera de producir, transformar y consumir los recursos alimentarios.
Producir cacao sin depender únicamente de las cosechas
El chocolate es uno de los productos más expuestos a los efectos del cambio climático. En África Occidental, donde se concentra la mayor parte de la producción mundial, las sequías, las lluvias extremas y las enfermedades debilitan las cosechas mientras la demanda sigue aumentando. En pocos años, el precio del cacao se ha cuadruplicado.
Para responder a esta tensión, la start-up israelí Celleste Bio ha desarrollado un proceso que permite producir manteca de cacao a partir de células cultivadas en laboratorio. Los investigadores reproducen las condiciones naturales de desarrollo de las células en biorreactores antes de extraer una materia prima utilizable directamente por los industriales, sin modificar sus procesos de fabricación. El objetivo no es reemplazar las plantaciones, sino asegurar una parte del suministro gracias a una producción menos dependiente de las inclemencias climáticas.
Desarrollar una acuicultura adaptada a las necesidades locales
En Argelia, la reflexión pasa por otra vía: la de la acuicultura continental. En Aïn Oussera, Tarik Benali ha desarrollado una línea de producción de alevines de tilapia 100 % machos obtenidos por selección genética, sin recurrir a los tratamientos hormonales habitualmente utilizados en muchas granjas intensivas.
Esta innovación responde a varios desafíos a la vez. Mejora la rentabilidad de las granjas, limita los riesgos sanitarios relacionados con las hormonas y acompaña la estrategia nacional de desarrollo de la acuicultura promovida por las autoridades argelinas. En pocos años, su empresa se ha convertido en uno de los principales proveedores de alevines del país, contribuyendo a estructurar un sector llamado a ocupar un lugar creciente en la seguridad alimentaria nacional.
Redescubrir los recursos que ofrece el mar
En Túnez, la innovación se basa menos en la tecnología que en una mejor valorización de la vida marina. Desde la laguna de Bizerta, la empresa Selt Marine cultiva y transforma alga roja para producir un sustituto natural de las gelatinas animales y algunos aditivos alimentarios.
La actividad se basa en un proceso en gran parte artesanal: cultivo, cosecha, lavado, secado al sol y luego transformación. Más allá de sus aplicaciones alimentarias, esta alga también favorece la biodiversidad marina al ofrecer un hábitat a muchas especies y contribuir a capturar parte del exceso de nitrógeno presente en el medio. La empresa también desarrolla nuevos usos, como películas alimentarias biodegradables o productos vegetales, prueba de que este recurso aún discreto posee un potencial mucho más amplio que su mercado actual.
Una nueva etapa para la alimentación
La cuestión tal vez ya no sea saber qué alimentos comeremos mañana, sino cómo construiremos los sistemas capaces de producirlos en un mundo en profunda transformación. Durante décadas, la prioridad ha sido aumentar los rendimientos para satisfacer una demanda cada vez mayor. Los desafíos que se perfilan hoy son diferentes. Imponen lidiar con el cambio climático, la escasez de ciertos recursos, la evolución de las expectativas de los consumidores y la necesidad de preservar más los ecosistemas.
En este contexto, la innovación ya no se reduce a un logro científico o técnico. También consiste en imaginar modelos más diversificados, más flexibles y capaces de adaptarse a realidades locales muy diferentes. Sin duda, es esta capacidad de hacer evolucionar nuestros sistemas de producción, en lugar de buscar una solución única, la que contribuirá a reforzar la seguridad alimentaria de las próximas décadas.

Foto de portada: © Celleste bio