En el Mediterráneo, la relación entre los humanos y la fauna marina sigue marcada por usos mal controlados y representaciones erróneas. Delfines, cetáceos y tiburones sufren presiones relacionadas con las actividades humanas, el ruido, la pesca y el tráfico marítimo. Ante estas fragilidades, científicos, asociaciones y profesionales abogan por un mejor marco para las prácticas y una protección reforzada de los ecosistemas marinos.
Durante el período de fiestas de fin de año, 22-med cruza y pone en perspectiva soluciones que han sido objeto de artículos en el medio francés Marcelle con artículos sobre la misma temática publicados en 22-med.
Los buenos gestos a adoptar hacia los delfines y los cetáceos
Resumen del artículo de la periodista Agathe Perrier, publicado en Marcelle el 21 de agosto de 2025
La observación de delfines y cetáceos se ha desarrollado ampliamente en el Mediterráneo. Cuando se practica de manera inadecuada, esta actividad puede perturbar de forma duradera a estos mamíferos marinos. Para limitar los impactos, asociaciones y profesionales comprometidos han establecido una etiqueta destinada a regular las prácticas y sensibilizar al público sobre la protección del medio marino.
A medida que se acercan los días soleados, la presencia de delfines en el Mediterráneo suscita un gran entusiasmo, amplificado por las redes sociales. Si observarlos a distancia no presenta dificultades, intentar acercarse a ellos representa un riesgo tanto para los animales como para las personas. En Francia, la normativa ahora regula estrictamente estas prácticas, con el fin de preservar especies sensibles a las perturbaciones.
Una actividad en pleno auge con efectos poco conocidos
Desde los años noventa, la actividad conocida como whale-watching se ha desarrollado a nivel mundial, incluyendo el Mediterráneo. Consiste en observar delfines, ballenas y, en general, cetáceos en su hábitat natural, desde la costa o a bordo de embarcaciones. Durante mucho tiempo poco regulada, esta práctica ha dado lugar a comportamientos inapropiados.
Estudios realizados a principios de los años dos mil han mostrado que las reglas de aproximación son a menudo poco conocidas o poco respetadas. Las consecuencias para los animales pueden ser significativas. Las perturbaciones repetidas llevan a algunos cetáceos a abandonar áreas esenciales para su alimentación, descanso o reproducción. El estrés inducido puede modificar sus comportamientos, perturbar las rutas de migración y afectar su estado de salud general.
A largo plazo, estas presiones pueden resultar en una disminución de las tasas de reproducción, un gasto energético excesivo o una mayor vulnerabilidad a enfermedades. Estos efectos acumulativos han llevado a los actores de la conservación a considerar la observación no regulada como un factor de riesgo adicional para poblaciones ya debilitadas.
Regular las prácticas mediante una etiqueta común
Ante estos hallazgos, varias organizaciones se han movilizado para estructurar la actividad. ONG, firmantes de acuerdos internacionales y profesionales han trabajado en la creación de un marco común. Este esfuerzo culminó en 2014 con la implementación de la etiqueta High Quality Whale-Watching. En Francia, su gestión está a cargo de Miraceti, dedicada al conocimiento y la conservación de los cetáceos.
Los operadores etiquetados se comprometen a respetar un código de buena conducta elaborado a nivel mediterráneo, especialmente en el marco de los acuerdos Pelagos y ACCOBAMS. Las reglas se refieren a la distancia mínima de observación, la duración de los encuentros y la prohibición de cualquier interacción con los animales. Algunas prácticas, como la localización aérea, también están prohibidas para limitar la presión sobre las especies.
La obtención de la etiqueta requiere una formación previa y un compromiso formal de los profesionales. El objetivo es armonizar las prácticas y garantizar salidas respetuosas del comportamiento natural de los cetáceos.
Concienciar al público y controlar a los operadores
Más allá de las reglas de observación, la etiqueta también busca reforzar la sensibilización del público. Para los operadores comprometidos, las salidas al mar son una oportunidad para explicar el papel de los cetáceos en los ecosistemas y presentar la riqueza de la biodiversidad mediterránea. Incluso en ausencia de delfines o ballenas, la observación de otras especies permite abordar de manera más amplia la protección del medio marino.
Cuando se produce el encuentro, a menudo actúa como un desencadenante. Los participantes se muestran más atentos a los mensajes de conservación una vez que se enfrentan al animal en su entorno. Esta dimensión pedagógica es considerada esencial por los profesionales del sector.
Para garantizar el cumplimiento del pliego de condiciones, Miraceti realiza controles inesperados a los operadores etiquetados. Las sanciones pueden ir desde una advertencia hasta la suspensión temporal de la etiqueta. Hasta la fecha, no se ha pronunciado ninguna retirada definitiva. Debido a la falta de recursos suficientes, los controles no son anuales, pero cada estructura es inspeccionada al menos una vez cada tres años.
La cuestión de una prohibición total del whale-watching vuelve regularmente al debate público. Sin embargo, los actores involucrados prefieren un marco regulatorio reforzado, considerando que la sensibilización es un factor indispensable para la protección de los cetáceos. En un contexto de múltiples presiones relacionadas con el tráfico marítimo, la contaminación y el ruido submarino, el desafío inmediato sigue siendo la adopción generalizada de prácticas respetuosas tanto por parte de los profesionales como de los particulares.

El tiburón, indispensable para el ecosistema marino
Resumen del artículo de la periodista Lilia Blaise publicado en 22-med el 18 de marzo de 2025

En Túnez, la presencia de tiburones suscita regularmente miedos y polémicas, alimentadas por imágenes virales. Sin embargo, los científicos recuerdan que estos depredadores juegan un papel central en el equilibrio de los ecosistemas marinos. Amenazadas por la sobrepesca y las actividades humanas, sus poblaciones están experimentando un rápido declive que exige medidas de protección reforzadas.
Los videos de tiburones capturados accidentalmente o expuestos en mercados circulan frecuentemente en las redes sociales tunecinas. Refuerzan una imagen angustiante del animal, a pesar de que su presencia en las aguas tunecinas es antigua y bien documentada. Los expertos insisten en la necesidad de superar el miedo para comprender los desafíos ecológicos relacionados con la supervivencia de estas especies.
Una presencia antigua a menudo mal interpretada
Frente a zonas turísticas como Gammarth, la aparición ocasional de tiburones alimenta regularmente el debate público. Sin embargo, su presencia en el Mediterráneo, especialmente en el canal de Sicilia y el golfo de Gabès, ha sido atestiguada durante años. Según los especialistas, estas observaciones no reflejan un aumento del riesgo para los bañistas, sino que reflejan evoluciones ambientales.
La escasez de recursos alimentarios debido a la sobrepesca lleva a algunas especies a modificar sus desplazamientos. Los tiburones a veces se acercan a las jaulas de cría de peces, atraídos indirectamente por la presencia de delfines. El calentamiento del Mediterráneo también influye en sus trayectorias, provocando ajustes en las rutas de migración de los depredadores.
A pesar de su reputación, los tiburones representan un peligro muy limitado para el ser humano. Los datos científicos muestran que los accidentes son extremadamente raros, muy por debajo de los causados por otros animales. Su hábitat se encuentra mayoritariamente en profundidad, lejos de las zonas de baño.
Un papel clave en el equilibrio marino
Los investigadores recuerdan que el tiburón ocupa la cima de la cadena alimentaria. Al alimentarse de animales debilitados o muertos, contribuye a mantener el equilibrio de las poblaciones y a la buena salud de los ecosistemas marinos. Esta función de regulador natural es esencial para la biodiversidad.
Sin embargo, la imagen negativa que rodea al animal favorece prácticas ilegales. En Túnez, la captura y venta de tiburones están prohibidas, pero se siguen observando en algunos mercados debido al valor comercial de su carne. Un consumo que, sin embargo, se desaconseja debido a las altas concentraciones de mercurio.
Las actividades humanas aumentan la presión sobre las poblaciones de tiburones. Las perforaciones petroleras, el tráfico marítimo y la degradación de los hábitats marinos han contribuido a una caída estimada del ochenta por ciento de su presencia en el Mediterráneo. Esta disminución es aún más preocupante dado que Túnez ha firmado convenios internacionales destinados a proteger estas especies.
Proteger una zona clave de reproducción
Túnez juega un papel particular en la preservación de los tiburones. Algunas zonas costeras, especialmente en el golfo de Gabès, sirven como sitios de reproducción. Se han reportado observaciones de recién nacidos cerca de Sfax y de las islas Kerkennah, confirmando la importancia de estas aguas para el ciclo de vida de las especies.
La pesca industrial, especialmente la pesca de arrastre, captura frecuentemente tiburones de manera no dirigida. Esta presión adicional debilita a especies con reproducción lenta y madurez sexual tardía, incapaces de compensar rápidamente las pérdidas.
Ante esta situación, organizaciones ambientales han intensificado sus acciones. En 2024, el WWF en África del Norte lanzó un plan de acción nacional para la conservación de los peces cartilaginosos en Túnez. El objetivo es reducir el declive de las rayas y los tiburones, especialmente en el golfo de Gabès.
Paralelamente, iniciativas de sensibilización buscan transformar la percepción de estos animales. Al contar su historia de otra manera y recordar su papel ecológico, los actores comprometidos esperan hacer evolucionar las percepciones y fomentar un marco legal más protector. Para los científicos, preservar a los tiburones significa preservar todo el ecosistema marino mediterráneo.
Mayssa, por su parte, intenta luchar con su equipo para mejorar la imagen del tiburón blanco. « Hemos escrito un artículo que retrata a un tiburón al que hemos llamado Salem, que cuenta su propia historia, incluidos los comportamientos inhumanos de los que a veces es víctima. Este artículo ha recibido más de 300 000 "me gusta" en Facebook con comentarios a menudo empáticos. Así que, poco a poco, la imagen que los tunecinos tienen del tiburón puede cambiar », espera. Al mismo tiempo, insiste en la necesidad de una campaña de sensibilización y de un marco legal más firme, « para que Túnez sea un santuario de tiburones en el Mediterráneo, y no un cementerio ».

Foto de portada: Hoy en día está prohibido acercarse a un delfín o cetáceo a menos de 100 metros, por razones de seguridad pero también de protección para los animales © Laurène Trudelle - Miraceti