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IA y cereales en Argelia: sembrar datos, cosechar el futuro

En Sétif, Tiaret o Sidi Bel-Abbès, los agricultores observan el cielo, sondean la tierra, cruzan los dedos. Siembran, esperan... y a veces desesperan. Porque hoy, en Argelia, cultivar trigo o cebada a menudo equivale a navegar a ciegas. Entre las inclemencias climáticas y las incertidumbres económicas, la producción de cereales sigue siendo prisionera de ciclos de irregularidad crónica. Frente a estos desafíos, la inteligencia artificial (IA) aparece como una respuesta. Lejos de ser una moda pasajera, ahora se impone como un instrumento estratégico para construir una agricultura moderna, resiliente y soberana. Mientras la 10ª edición de VivaTech, gran encuentro internacional de la innovación organizado en París del 17 al 20 de junio de 2026, pone una vez más la inteligencia artificial en el centro de los debates, la agricultura argelina también podría encontrar en estas tecnologías parte de sus respuestas.

22-med se asocia con medios de campo de los diferentes países del Mediterráneo y publica cada jueves una selección de artículos para iluminar los desafíos de la región. Desde la orilla sur, el medio argelino Twala aporta su perspectiva.

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IA y cereales en Argelia, sembrar los datos, cosechar el futuro
22-med – junio 2026
• Frente a las sequías y las incertidumbres climáticas, la inteligencia artificial podría transformar la gestión de los cultivos de cereales en Argelia.
• Más allá de los algoritmos, la fiabilidad de los datos agrícolas aparece como un tema central de soberanía alimentaria.
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Por Mohamed Mir

En los años 1980, un estadístico en Sidi Bel-Abbès confesaba que los datos de cereales enviados a Argel a menudo estaban... arreglados. No por malicia, no. Por necesidad administrativa. En otras palabras, había que responder a expectativas, no a la realidad. Así, esta experiencia vivida, relatada por un antiguo responsable de la estadística agrícola, es emblemática de las desviaciones persistentes en la gestión de las estadísticas agrícolas en Argelia.

En esa época, encuestas rigurosas basadas en estándares metodológicos internacionales, que incluían la recolección y el pesaje de espigas tras la trilla, ajustes matemáticos, y el uso de imágenes satelitales y sistemas de información geográfica (SIG), revelaban rendimientos medios de 8 quintales por hectárea.

Sin embargo, estos datos científicos eran descartados en favor de cifras tres a cuatro veces superiores, sin ninguna base metodológica. Según un estudio realizado internamente por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural para el período 2017-2022, que Twala ha consultado, este estado de cosas « socava la credibilidad de las estimaciones oficiales, oculta las verdaderas actuaciones agrícolas y distorsiona la planificación económica del país ».

Este « dedo mojado » todavía reina a veces. Las consecuencias son claras: previsiones erróneas, importaciones masivas y agricultores desarmados. A modo de ejemplo, Argelia gasta cada año varios miles de millones de dólares para importar lo que podría producir.

Por lo tanto, es esencial entender que la estimación de la producción cerealera no es ni un ritual administrativo ni un ejercicio de comunicación. Es un acto científico, estratégico y soberano. Se basa en métodos probados: encuestas por muestreo, tratamientos estadísticos, modelización agroclimática. Por consiguiente, estos datos son vitales para orientar las políticas agrícolas, gestionar los stocks, planificar las importaciones, fijar los precios y definir los apoyos a los agricultores.

Pero las desviaciones de un sistema basado en estimaciones arbitrarias conducen a una dependencia alimentaria agravada, una mala asignación de recursos, la desmotivación de los profesionales y una pérdida de credibilidad internacional.

La Inteligencia Artificial: una palanca para la agricultura de precisión y la gestión de datos

Imaginemos un algoritmo capaz de prever, con una semana de antelación, la germinación de un trigo en una región dada. O una imagen satelital que te diga si tu suelo está demasiado seco. En resumen, esto es lo que ofrece la IA: una capacidad para ver lo invisible, anticipar, optimizar. Además, la IA en la agricultura ya no es una opción, es una herramienta decisiva de gestión técnico-económica, que redefine el oficio de agricultor.

Según un despacho de la APS del 23 de septiembre de 2024, las perspectivas son prometedoras para desarrollar la agricultura de precisión con la ayuda de la IA. Permite simular sistemas robóticos avanzados para mejorar la eficiencia y la precisión de las operaciones agrícolas. Así, la IA transforma la producción cerealera optimizando los rendimientos, reduciendo el impacto ambiental y mejorando la calidad de los productos.

Pluviometría, temperatura, naturaleza del suelo, historial de rendimientos... Estos datos, una vez cruzados por modelos predictivos como las redes neuronales y los bosques aleatorios, permiten estimar las cosechas, ajustar las siembras, ahorrar agua.

Las redes neuronales son particularmente aptas para identificar patrones complejos y no lineales en estos vastos conjuntos de datos, permitiendo así deducir correlaciones sutiles entre los factores ambientales y el rendimiento de los cultivos. De igual manera, los bosques aleatorios sobresalen en la gestión de múltiples variables y la reducción del sobreaprendizaje, ofreciendo predicciones robustas incluso con datos heterogéneos.

Más específicamente, los algoritmos de IA y aprendizaje automático permiten una toma de decisiones basada en datos, la previsión del rendimiento de los cultivos, la detección temprana de enfermedades y la gestión optimizada de los recursos. En este sentido, plataformas como Farmonaut ofrecen previsiones de rendimiento precisas basadas en el análisis de datos satelitales y algoritmos de IA avanzados. Además, la IA también puede ayudar a regular de manera autónoma las condiciones de almacenamiento del grano en los silos.

Potencial, desafíos e iniciativas prometedoras

Argelia no parte de cero. Cuenta con centros de datos modernos en Sidi Abdellah, Orán, Saïda. Forma a cientos de ingenieros cada año en universidades como la de Sidi Bel-Abbès. Además, estudios muestran que la agricultura basada en inteligencia artificial podría ahorrar cerca del 30% del consumo de agua en el país. Argelia trabaja para fortalecer su seguridad alimentaria y aumentar el rendimiento de la producción agrícola gracias a la existencia de estas infraestructuras y competencias.

Sin embargo, persiste un obstáculo mayor: estos recursos están dispersos. La falta de una estrategia nacional coherente frena el impacto de estas competencias. Los centros no se comunican entre sí, los datos permanecen aislados. Por lo tanto, a pesar de una producción cerealera que alcanzó un récord de 6,1 millones de toneladas en 2017/2018, cayó a 1,3 millones de toneladas durante la campaña 2021/2022. Así, esta fluctuación pone de manifiesto la necesidad urgente de una mejor coordinación y una estrategia unificada para la explotación de datos y tecnologías.

Como recuerda el profesor Abderrahmane Yousfat: « Un buen modelo predictivo no sale de un sombrero. Se basa en una arquitectura rigurosa: regresión múltiple, árboles de decisión, deep learning. » En otras palabras, estos métodos son esenciales para analizar los historiales estadísticos y detectar tendencias, ciclos y anomalías en la producción agrícola.

Más específicamente, el deep learning, y en particular las redes neuronales convolutivas (CNN), se han convertido en la norma para extraer información relevante de las imágenes satelitales (por ejemplo, la salud de los cultivos, la densidad de la vegetación, la humedad del suelo) identificando características visuales a diferentes escalas.

Esta información se utiliza luego como insumos para los modelos de previsión de rendimiento. Pero sobre todo, enfatiza un punto: «No hay predicción robusta sin datos limpios y bien estructurados. Una IA agrícola eficaz es, ante todo, una IA alimentada con series temporales fiables.» Esto implica que el éxito de cualquier sistema de previsión depende de la calidad y fiabilidad de los datos, obtenidos de encuestas de muestreo de espigas, del seguimiento de las superficies sembradas mediante imágenes satelitales, y del seguimiento de los factores de producción.

Presentado durante el Salón de la AgroNumérica 2024 en Argel, el proyecto Sakai utiliza robots solares para regar únicamente donde la planta lo necesita. Resultado: hasta un 40 % de ahorro de agua. Además, esta startup analiza las imágenes tomadas por drones para detectar enfermedades vegetales desde los primeros signos. Un ahorro de tiempo, un aumento en el rendimiento y una mejor salud para los cultivos. En otro ámbito, "la IA y las aplicaciones digitales, como subraya El Moudjahid del 22 de mayo de 2024, pueden ser utilizadas para el diagnóstico y la prevención de enfermedades en el sector de la agricultura".

Otro ejemplo concreto es el del grupo Souakri, conocido por sus tomates cherry, que está probando sistemas automatizados que planea extender a los cereales. Esto demuestra que incluso el sector privado comienza a creer en las promesas de la IA.

Un enfoque realista de los límites

Si bien el potencial de la inteligencia artificial para la agricultura argelina es inmenso, su plena realización inevitablemente enfrentará desafíos significativos que deben abordarse con realismo. Una visión equilibrada del futuro de la IA en este sector debe integrar estos obstáculos para anticiparlos y superarlos mejor.

En primer lugar, el costo de implementación representa una inversión inicial considerable. La adquisición de sensores sofisticados, drones agrícolas, la implementación de infraestructuras de almacenamiento y procesamiento de datos masivos, así como el desarrollo o compra de software especializado, requieren capitales importantes. Aunque Argelia cuenta con centros de datos modernos, su actualización continua y mantenimiento representan cargas financieras recurrentes. La financiación pública de la agricultura en Argelia ya es un tema de debate, y la integración de la IA requerirá mecanismos de financiación innovadores, tales como asociaciones público-privadas, subvenciones específicas o incentivos fiscales para fomentar la inversión privada.

En segundo lugar, la infraestructura y la conectividad en zonas rurales constituyen un posible cuello de botella. Las soluciones de agricultura de precisión basadas en IA dependen en gran medida de una conectividad a internet confiable y de alta velocidad para la transmisión en tiempo real de grandes cantidades de datos (imágenes satelitales, datos de sensores, etc.). Sin embargo, muchas regiones agrícolas argelinas aún sufren de un acceso limitado o inexistente a dicha infraestructura. Son indispensables inversiones masivas en el despliegue de redes de telecomunicaciones robustas en áreas rurales para garantizar la eficacia de estos sistemas.

En tercer lugar, la formación, la adopción y la resistencia al cambio son factores humanos cruciales. La IA no puede ser plenamente explotada sin habilidades adecuadas. La formación no debe limitarse a ingenieros e investigadores, sino que debe extenderse a los propios agricultores. Es esencial cerrar la brecha digital y superar la posible resistencia al cambio por parte de una población agrícola a menudo apegada a métodos tradicionales. Se necesitan programas de concienciación, demostraciones concretas de los beneficios de la IA y formaciones prácticas adaptadas a las necesidades y al nivel de alfabetización digital de los agricultores para fomentar una adopción generalizada.

En cuarto lugar, la calidad y la estandarización de los datos siguen siendo un requisito fundamental. Como se destaca en este artículo, sin datos fiables, limpios y estructurados, los modelos de IA no pueden producir predicciones robustas. Se requieren esfuerzos considerables para la estandarización de los métodos de recolección de datos agrícolas, el establecimiento de protocolos rigurosos y la interoperabilidad de los sistemas. Esta es la condición sine qua non para que la IA pueda realmente transformar la toma de decisiones agrícolas.

Finalmente, las cuestiones éticas y de confidencialidad de los datos, así como el riesgo de dependencia tecnológica, deben ser anticipados. El uso de grandes conjuntos de datos agrícolas plantea interrogantes legítimas sobre la propiedad de los datos, su protección contra usos indebidos y su seguridad. Un marco regulatorio claro y una concienciación de los actores son esenciales para instaurar la confianza.

Por otro lado, si Argelia no desarrolla suficientemente sus propias capacidades de investigación, desarrollo e innovación en IA agrícola, podría encontrarse excesivamente dependiente de tecnologías y proveedores extranjeros, lo que comprometería su soberanía tecnológica y, por extensión, su soberanía alimentaria a largo plazo. El apoyo a las startups locales y a la investigación universitaria es, por tanto, vital para construir una autonomía tecnológica sostenible.

Estos desafíos, aunque sustanciales, no son insuperables. Al reconocerlos y elaborar estrategias proactivas para abordarlos, Argelia puede consolidar las bases de una agricultura inteligente y resiliente, transformando así los obstáculos en oportunidades de crecimiento e innovación.

Experiencias internacionales

La FAO utiliza su Yield Forecasting Tool (YFT) para anticipar las cosechas en África. Este sistema mezcla clima, satélite, históricos de suelos. Entonces surge la pregunta: ¿por qué no en Argelia? El sistema de previsión estadística desarrollado por la FAO se basa en una arquitectura robusta, escalable e integrada, implementada en el marco del SISAAR (Sistema de Información para la Seguridad Alimentaria y la Alerta Rápida). Incluye el zonificado agroecológico, la recolección rigurosa de datos de campo, la modelización y la previsión, así como la mejora continua y la transparencia.

En el mismo espíritu, con Climate FieldView, los agricultores canadienses pueden visualizar, en tiempo real, el rendimiento esperado campo por campo. Un lujo que podría convertirse en una norma en Argelia. Tecnologías que utilizan la IA están siendo probadas en Canadá para la evaluación de cereales en el campo. Con estos ejemplos internacionales, está claro que los centros de datos están ahí. Los investigadores también.

En este sentido, lo que dice el profesor Yousfat es crucial: «Se necesita una voluntad política firme, una gobernanza basada en la ciencia, no en la improvisación». A pesar de estas potencialidades, en Argelia, la validación de las cifras provenientes del campo sigue siendo insuficiente, y a menudo no se publican ni se confrontan con otras fuentes, lo que refuerza la opacidad y la ineficiencia del sistema de toma de decisiones.

Cultivar la inteligencia para la soberanía

Para tener éxito, se necesita una hoja de ruta clara, articulada en torno a seis palancas esenciales:

  • Crear una base de datos agrícola nacional abierta e interoperable.
  • Financiar la investigación aplicada y a los doctorandos en este campo.
  • Apoyar a las startups agritech a través de incubadoras especializadas.
  • Formar a los agricultores en herramientas de agricultura de precisión.
  • Lanzar proyectos piloto en las regiones cerealeras clave.
  • Integrar la IA en la estrategia agrícola nacional.

La inteligencia artificial nunca reemplazará el sentido común campesino. Pero puede iluminarlo. Puede ser, para la agricultura argelina, lo que el tractor fue para nuestros abuelos: una revolución silenciosa. Una revolución de datos, de previsión, de soberanía. Ahora, ya no se trata de esperar a que el cielo decida, sino de saber —con certeza— cuándo sembrar, dónde regar y cómo cosechar.

En las tierras de Tessala, antaño granero fértil, esta revolución ya no es un lujo. Es una cuestión de supervivencia. La sequía ha dejado cicatrices profundas, año tras año. Las voces de los productores, crudas y directas, suenan como una advertencia.

« Desde hace tres años consecutivos, las lluvias son escasas, irregulares, a veces totalmente ausentes. Sin previsiones meteorológicas fiables, trabajamos a ciegas. Cada siembra es una apuesta perdida de antemano », suelta, con tono grave, Tabet Derraz Mohamed, ingeniero agrícola. Luego baja la voz: « La idea de que nuestra generación pueda presenciar el colapso total de este sector ya no es un temor. Se ha convertido en una realidad que vemos dibujarse ante nuestros ojos. »

A su lado, Yahiaoui Hamid, técnico agrícola, continúa, con la mirada dura: «Nuestro oficio se basa en el ritmo de la naturaleza. Pero hoy, ese ritmo está roto. Errático. Impredecible. Sin herramientas de seguimiento ni alertas climáticas, estamos desarmados. Tres campañas arruinadas una tras otra… Empezamos a preguntarnos si todavía tenemos un futuro aquí.»

Estos testimonios no son quejas aisladas. Revelan fracturas estructurales. Un vacío tecnológico que la inteligencia artificial podría llenar. Pero hay que actuar rápido. La verdad estadística es un asunto de soberanía alimentaria. Sin rigor, no hay progreso. Y la transparencia es una garantía de confianza.

El futuro se juega ahora. Línea por línea. Dato por dato. Sobre la base de hechos, no de ilusiones contables. Si la sequía persiste y las herramientas de previsión siguen ausentes, Tessala podría ser solo el primer capítulo de un colapso agrícola a nivel nacional.

Paisaje de la provincia de Setif
© Ayoub Kebbour - Pexels
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Foto de portada: © Twala