En los paisajes mediterráneos, Olea europaea encarna una continuidad ecológica milenaria. Pero en Israel, el estudio de la hipersensibilidad a su polen revela una dinámica más sutil: la de un ecosistema que no responde de manera homogénea a las poblaciones humanas que se establecen en él. A través de los datos inmunológicos, se dibuja una frontera invisible, moldeada no por la política, sino por la biología.
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Alergia al olivo: cuando la naturaleza se opone a los recién llegados
22-med – abril 2026
• En Israel, la exposición al polen de olivo varía fuertemente según los territorios y la historia de las poblaciones, revelando desigualdades inmunológicas.
• Entre biodiversidad, genética y usos políticos de la tierra, el olivo se convierte en un revelador inesperado de las dinámicas humanas.
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Por Patrick Abi Karam – periodista
El olivo (Olea europaea) es mucho más que un árbol emblemático de la cuenca mediterránea: también es un actor principal de las alergias estacionales. En Israel, donde el olivo se cultiva desde hace milenios, su polen es responsable de una parte importante de los casos de rinitis alérgica, asma y conjuntivitis. Sin embargo, un estudio publicado en 1996 en la revista Allergy revela una realidad sorprendente: la sensibilidad al polen de olivo varía considerablemente según las poblaciones y su historia con este árbol. Una historia que interroga tanto la biodiversidad como las dinámicas de colonización en Israel.
Este vínculo directo entre abundancia vegetal y respuesta inmunitaria traduce un principio fundamental: el entorno impone una restricción biológica a los organismos que allí evolucionan. La reciente expansión de los olivos, incluso en entornos urbanos como planta ornamental, ha intensificado esta presión alérgica.
En Israel, el olivo está omnipresente en las regiones de Galilea, Samaria, Judea y el valle del Jordán. Sin embargo, su polen está lejos de ser inofensivo. Según el estudio realizado por Geller-Bernstein y sus colegas, el 40 % de los pacientes sospechosos de alergias respiratorias en Israel reaccionan positivamente a las pruebas cutáneas con polen de olivo. En Jerusalén, donde hay muchos olivos, esta tasa asciende al 66 %, mientras que cae al 29 % en el desierto de Negev, donde los olivos son escasos.
Un hecho claro: cuanto más numerosos son los olivos en un entorno, más explotan los casos de alergias. Una realidad que plantea preguntas, especialmente en un país donde el olivo ha sido plantado masivamente, incluso con fines ornamentales, transformando este árbol en una fuente de contaminación alérgica urbana.
Una biodiversidad que discrimina las respuestas humanas
El estudio revela otra sorpresa: no todos los olivos son iguales en términos de alergenicidad. Los investigadores han probado extractos de polen de diferentes cultivares, algunos antiguos y comunes (como el Manzanillo o el Souri), otros más recientes o raros (como el Koronaiki o el Kalamata). ¿El resultado? Los cultivares antiguos y abundantes provocan reacciones alérgicas hasta dos veces más fuertes que los cultivares raros.
Explicación científica: Las diferencias en la composición proteica entre los cultivares, especialmente la presencia de la proteína Ole e I (un alérgeno mayor), explican estas disparidades. Una prueba de que la biodiversidad del olivo juega un papel crucial en la salud pública.
Genética, historia y adaptación: respuestas contrastadas
El estudio pone de relieve un fenómeno fascinante: las poblaciones árabes de Israel, expuestas a los olivos desde generaciones, son menos sensibles a su polen que las poblaciones judías, a menudo provenientes de la inmigración reciente. En Um-El-Fahem, una ciudad de Samaria rodeada de olivos, solo el 16 % de los pacientes árabes son alérgicos al polen de olivo, frente al 40 % de media entre los judíos.
Tres hipótesis:
- La tolerancia inmunitaria: una exposición prolongada podría haber inducido una forma de tolerancia.
- La selección natural: los individuos más sensibles habrían sido desfavorecidos a largo plazo.
- El papel de los genes: los investigadores han identificado que los árabes sensibilizados al polen de olivo presentaban más frecuentemente los haplotipos (pequeños grupos de variaciones genéticas vecinas en un mismo cromosoma, generalmente transmitidos juntos de padre a hijo) DR-7 y DQ2, mientras que el haplotipo DR-4 parecía protector.
Este fenómeno no es aislado: se han hecho observaciones similares en Cerdeña, Australia y Croacia, donde las poblaciones autóctonas, expuestas durante siglos, desarrollan menos alergias que los recién llegados.
El olivo, espejo de las tensiones territoriales en Israel
El estudio plantea una cuestión más amplia: ¿y si la naturaleza, a través del olivo, resistiera a las dinámicas de colonización? En Israel, el olivo es un fuerte marcador territorial. Los colonos israelíes han plantado olivos masivamente, a veces en detrimento de los ecosistemas locales y de las poblaciones palestinas, para quienes este árbol es un símbolo de resistencia y arraigo.
Un paradoja: mientras los colonos introducen nuevos cultivares y aumentan la densidad de olivos, también se exponen a un mayor riesgo de alergias. A la inversa, las poblaciones árabes, históricamente vinculadas a estas tierras, parecen estar mejor preparadas para coexistir con este árbol.
Hacia una ecología de la salud integrada
La historia del olivo en Israel es la de un árbol a la vez nutritivo y alérgico, símbolo de resistencia y colonización. Los datos científicos muestran que la naturaleza, a través de la biodiversidad y la historia de las poblaciones, puede convertirse en un actor silencioso pero poderoso de las dinámicas territoriales. Mientras las tensiones persisten en torno a la tierra y los recursos, el olivo recuerda una evidencia: el equilibrio entre el hombre y su entorno es frágil, y la naturaleza, a veces, dice que no.

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