En los repliegues de la cuenca mediterránea, a menudo la arquitectura lleva en sí misma las sacudidas de la historia. Una fachada blanqueada, un techo de caña, un patio en ruinas a veces son suficientes para hacer surgir relatos borrados. Aquí y allá, construir no es solo edificar: es preservar, transmitir, a veces resistir. Porque los muros pueden guardar memoria, y su supervivencia implica mucho más que un legado de piedras.
Este artículo es un resumen de 5 artículos, sobre el tema de la arquitectura, publicados en 22-med, que se pueden encontrar en los 11 idiomas utilizados en el sitio.
El “Bauhaus”, una forma arquitectónica emblemática de Tel Aviv: Caroline Haïat- Israel
Memorias de piedras: Sana Tamzini - Palestina
La arquitectura de los Jédive, legado olvidado de Estambul: Tuğba Öcek - Turquía
Las barracas campesinas de Valencia, entre el olvido y el renacimiento: Jorge Dobner & Cristina Grao - España
Siria al rescate de su edificación tradicional: Edward Sfeir - Siria
Detrás de los muros blanqueados del Bauhaus o las fachadas borradas de Nablus, se dibuja un hilo común: construir es contar. En las ciudades del litoral mediterráneo, la arquitectura supera la estética para convertirse en lenguaje, refugio o lucha. En Tel Aviv, Estambul, Damasco, Nablus o Valencia, las piedras hablan de exilios y retornos, de transformaciones sociales, de memoria herida. Pero también de iniciativas locales, a menudo frágiles, que intentan reparar el tejido urbano y simbólico.
Bauhaus en Tel Aviv: la modernidad como legado

En la "Ciudad blanca", la influencia del Bauhaus moldea un paisaje urbano único. Nacidos en la Alemania de la posguerra, estos principios modernistas encontraron en Tel Aviv una segunda vida, importados por arquitectos judíos formados en Weimar. Entre líneas geométricas y estructuras liberadas de los muros de carga gracias al hormigón armado, los edificios – como la Casa Soskin o el Café Sapphire – expresan una voluntad de ruptura con el antiguo mundo.
Hoy protegidos por un perímetro dedicado, estos 4000 edificios forman un conjunto coherente, de los cuales 190 están clasificados como patrimonio mundial de la UNESCO. El Bauhaus Center, fundado en 2000, prolonga su memoria y transmisión, a través de exposiciones, publicaciones y visitas. Tel Aviv se convierte así en un laboratorio vivo del modernismo mediterráneo.
Nablus: las casas como memoria compartida

Aparte de la ciudad vieja, Eman Al Assi ha documentado 22 casas de principios del siglo XX. No son ruinas, sino relatos, espacios marcados por la historia política, económica y social del Levante. Jabones, figuras femeninas de la educación, vínculos entre ciudades comerciales como Jaffa y Damasco: cada casa revela una capa del pasado palestino.
Esta investigación pone de relieve un aspecto marginado del patrimonio, a menudo descuidado por las instituciones. Insiste en el vínculo vital entre habitantes y lugares, y sobre los obstáculos a la preservación: fragmentación de los derechos de propiedad, abandono forzado, obstáculos legales debido a la ocupación. Documentar se convierte en un acto de resistencia, una manera de mantener viva una memoria urbana amenazada.
Estambul: la huella olvidada de los Jédive
Entre el Nilo y el Bósforo, una dinastía ha rediseñado discretamente Estambul. Los Jédive de Egipto, formados en Europa, han dejado un legado arquitectónico poco conocido. El palacio de Beykoz, los pabellones de Emirgan, el Palacio Jédive de Çubuklu o el edificio Mısır son testigos de un estilo híbrido, entre art nouveau, neo-renacimiento y tradiciones otomanas.
Hospitales, villas, museos: estos edificios ilustran la influencia cultural de la élite egipcia dentro del Imperio otomano. Sus historias atraviesan los usos – vivienda, cuidado, arte – y los materiales a veces vienen de lejos. Estos lugares son hoy hitos discretos de una historia mediterránea transnacional, entre memoria familiar y legado construido.
Valencia: las barracas, entre el olvido y el renacimiento
Modestas cabañas de caña y tierra, las barracas eran el hábitat de los pescadores y cultivadores de la huerta valenciana. Abandonadas a lo largo del siglo XX, hoy son objeto de un renovado interés. Si bien la protección oficial sigue siendo insuficiente, iniciativas locales, como la del Club Alcatí, trabajan por su salvaguarda.
Restauración respetuosa, circuitos turísticos, museo vivo: la barraca se convierte en herramienta de transmisión. Algunas, como la Barraca del Tío Aranda, cuentan con un fuerte reconocimiento patrimonial. Otras cobran vida gracias a proyectos privados o universitarios, como el Proyecto Azalea que ha repensado este tipo de hábitat en una versión ecológica, modular y autónoma. Una memoria rural se reinventa en el siglo XXI.

Damasco: restaurar para resistir
En Siria, las casas tradicionales con patio interior, adornadas de jazmines y fuentes, están amenazadas. Construidas con materiales naturales, ofrecen cualidades climáticas notables y una rica artesanía valiosa. Pero la guerra, la urbanización y las restricciones financieras las empujan hacia el olvido.
Frente a esto, emergen iniciativas locales. En Damasco, algunas viviendas se transforman en hoteles o cafés, como Mamlouka o Al-Wali, donde la arquitectura se preserva mientras se adapta a nuevos usos. El café Al-Nawfara, con sus 500 años de historia, perpetúa la tradición de los narradores. Estos proyectos muestran que patrimonio y economía local pueden reforzarse mutuamente, siempre que se superen las pesadas cargas administrativas y la falta de inversiones.

Foto de portada: El palacio de Beykoz © Tuğba Öcek