La despoblación española, un problema demográfico y territorial predominantemente rural, ha encontrado en proyectos como Arraigo una respuesta innovadora. Esta iniciativa atrae a urbanitas cansados del estrés de la ciudad hacia la calidad de vida rural. La repoblación es viable y puede revitalizar comunidades enteras.
La despoblación en España se intensificó en la segunda mitad del siglo XX. Durante el crecimiento económico de 1950-75, el éxodo rural se aceleró cuando las familias rurales protagonizaron la migración hacia las ciudades. Este fenómeno afecta principalmente a los pequeños municipios, profundizando el vacío en la España rural, también conocida como "España Vaciada". Sin embargo, cada vez más personas están reconsiderando la vida rural y valorando sus oportunidades. Este cambio de mentalidad ha impulsado iniciativas para repoblar estas zonas y lograr un mejor equilibrio territorial.
Proyecto Arraigo, conectar a las personas con lo rural
El proyecto Arraigo actúa como un puente entre el mundo rural y personas que residen en entornos urbanos y desean cambiar su estilo de vida. Su misión es acompañar y asesorar a individuos y emprendedores en busca de este cambio. También colaboran con ayuntamientos y otras entidades rurales en estrategias de desarrollo para atraer nuevos
residentes y promover el bienestar local.
Enrique Collada, el joven director ejecutivo de Proyecto Arraigo, describe los orígenes: "Nace en 2016 cuando el fundador y director general de Proyecto Arraigo, Enrique Martínez, visitaba con sus hijos los pueblos de las Tierras Altas de Soria y se encontró con un panorama de olvido institucional y abandono".
Durante su trayectoria, han trabajado con hasta 15 provincias españolas. En su base de datos, tienen 17.000 personas interesadas en el proyecto y han acompañado a más de 600 familias en más de 300 pueblos. “Nuestra tasa de éxito (es decir, cumplir con los requisitos establecidos en los contratos con las administraciones con las que trabajamos)
está en torno al 90%”, asegura Enrique Collada.
Siempre trabajan con agentes técnicos sobre el terreno, apoyados por la oficina central en Madrid. Estos técnicos, familiarizados con la realidad de los vecinos y localidades en las que van a trabajar, tienen la capacidad de establecer relaciones personales con alcaldes, vecinos y empresas de la zona.
Es importante que los gobiernos e instituciones a distintos niveles se están implicando para resolver el problema de la despoblación, porque “se va entendiendo que ayudar a desarrollar el mundo rural, es ayudar a la sociedad en su conjunto”.
Repoblando, desafíos y oportunidades
No obstante, el proceso de selección y asentamiento de las familias no es sencillo. En muchos pueblos, la falta de infraestructura y servicios mínimos dificulta el arraigo. El principal reto es la falta de vivienda disponible para alquilar en estos territorios: “Muchas personas tienen casa en el pueblo, pero suelen ser segundas residencias que solo se
utilizan durante el verano, pero que no se encuentran disponibles para vivir”, se lamenta Enrique Collada.
El proceso de selección “ha demostrado ser eficaz”, pero puede alargarse en el tiempo para seleccionar los mejores perfiles de personas realmente interesadas.
Es necesario que los arraigados no se muevan por circunstancias temporales, sino que estén comprometidos. “Que las personas no vayan a los pueblos a huir de problemas, porque eso tiende a trasladar los problemas al pueblo. Trabajamos para que se arraiguen, para que echen raíces”, sentencia el director ejecutivo. Una vez que las familias se asientan en el pueblo, cuentan con el acompañamiento de los técnicos del terreno para facilitarles el proceso de adaptación. Los seleccionados valoran una calidad de vida superior a la de las urbes, una conexión más estrecha con la naturaleza, menor contaminación, un ritmo de vida tranquilo (Slow Life) y una comunidad más unida.
Nuevos pobladores, vida feliz
Entre los casos de éxito se encuentra la historia de José Luis, de 32 años, quien hace dos años y medio decidió mudarse desde Madrid a un pueblo de Palencia (Castilla y León) junto a su esposa y su hijo. El encarecimiento de la vivienda en la capital y las zonas limítrofes, junto con un ritmo de vida frenético, fueron motivos suficientes.
Lo primero a lo que se dedicó al llegar al pueblo fue a la hostelería en un restaurante. Sin embargo, luego surgió la oportunidad de aprender el oficio de pastor: "No tenía experiencia previa, pero el ganadero me dio la oportunidad y me enseñó. ¡Y me encanta!".
José Luis destaca que ha ganado en calidad de vida y valores humanos, algo que quiere transmitir a su hijo: “Desde que llegamos hace dos años y medio, todo el mundo nos ha tratado muy bien. La calidad humana de los vecinos es increíble. Hay una serie de valores que en las ciudades se han perdido. Lo vemos claramente en Hugo, mi hijo, que tiene cinco años y que se está criando en un entorno que le está enseñando a preocuparse por la gente y el entorno”.