Túnez

El proyecto de ley de Nueva Zelanda para proporcionar productos sanitarios gratuitos en las escuelas es un paso importante para abordar la pobreza menstrual.

Son 500 millones de mujeres las que sufren de inseguridad menstrual en todo el mundo, según un informe de la ONG Plan International de 2023. En Túnez, no hay ningún estudio disponible sobre el tema. Pero en este país, muchas jóvenes tienen que arreglárselas con trozos de tela, o incluso con espuma de colchón. La asociación Wallah We Can ha decidido abordar este problema distribuyendo calzones menstruales lavables a las estudiantes necesitadas y comercializándolos para organizaciones humanitarias.

Vender panties menstruales a organizaciones internacionales para financiar las ofrecidas a las escolares tunecinas, es la idea de la ONG Wallah We Can. El proyecto llamado Ecolibree fue lanzado a finales de 2021. Aún está en sus inicios, pero tiene la ventaja de abordar el problema de la precariedad menstrual a largo plazo, al mismo tiempo que respeta el medio ambiente.

Informar y Equipar

Cerca de 500 kits -que incluyen tres calzoncillos menstruales- se han distribuido hasta ahora en internados de las regiones interiores de Túnez. "Cada vez, organizamos un taller con un experto para informar a las niñas sobre sus ciclos, luego les damos un cuestionario que nos permitirá publicar pronto un informe sobre esta precariedad en Túnez, ya que no hay datos. Finalmente, presentamos los calzoncillos que distribuimos a las alumnas desfavorecidas", explica Sahar Abid, coordinadora del proyecto, quien afirma encontrar un interés real por parte de las alumnas.

Si las reglas aún se consideran un tabú, Sahar afirma tener pocos rechazos por parte de los directores de los internados: "Las supervisoras, en particular, están interesadas. En los internados, se enfrentan a la falta de conocimiento de los jóvenes y a su falta de recursos. Las más desfavorecidas usan telas sucias que luego esconden en los armarios o debajo de las camas después de usarlas…" Con un 16,4% de desempleo y un salario mínimo mensual garantizado de 360 dinares tunecinos o TND (109 euros), algunas familias tienen dificultades para comprar cada mes y para cada una de sus hijas un paquete de toallas por más de 3 TND (0,9 euros). Algunas prefieren no ir a la escuela cuando están indispuestas. "Si tengo toallas, voy a la escuela, de lo contrario pongo una tela y me quedo en casa. Cuando pongo una tela, mi actitud cambia, dejo rastros de sangre en mi silla, ya no quiero ir al pizarrón…", explica una joven.

From the washable napkin to the menstrual underwear

Wallah We Can fue creada en 2012, para rehabilitar un internado en Makthar. Fue en ese momento que la asociación identificó el problema. "Tuvimos que cambiar todos los colchones debido a la sarna. Y poco después, vimos que esos colchones estaban dañados nuevamente: las niñas tomaban la espuma para rellenar sus bragas", explica el fundador de la ONG, Lotfi Hamadi. El empresario tuvo de inmediato una idea: emplear a madres para fabricar toallas higiénicas lavables. Pero Wallah We Can se enfrenta a diferentes problemas: la calidad de la producción no es constante, cada vez es más difícil importar algodón y los beneficiarios se quejan de que esas toallas no se sostienen bien. Después de dos años, el proyecto se pone en pausa.
En 2021, Lotfi Hamadi firma una asociación con la marca francesa Chantelle, en el marco de la RSE (contribución de las empresas a los desafíos del desarrollo sostenible). Esta le vende las bragas menstruales a precio de costo (aproximadamente 6 euros, frente a los 19 euros en el comercio) y él puede revenderlas a organizaciones internacionales para financiar las que se ofrecen en las escuelas tunecinas.

Un producto ecológico, ético y circular

"Es una solución saludable. Muchas organizaciones dicen luchar contra la precariedad menstrual distribuyendo protecciones desechables que son perjudiciales para la salud, para el medio ambiente y que no son una solución sostenible. Nosotros proponemos un producto ecológico", explica Lotfi Hamadi, quien espera imponer estas bragas como un elemento imprescindible en los kits de higiene distribuidos en los campos de refugiados, por ejemplo.
Estas bragas tienen muchas ventajas. Ofrecen una protección de doce horas, son lavables con agua fría para aquellas que no tienen acceso a un calentador de agua. Fabricadas de manera ética, permiten, según los cálculos de Wallah We Can, reducir en un 70% el costo de la protección higiénica de 100 mujeres en un período de tres años. También reducen los desechos.
Sin embargo, el sistema aún está en desarrollo. Hasta ahora, Wallah We Can solo ha vendido unas pocas cientos de bragas a dos asociaciones. Por otro lado, la organización ha recibido una subvención de Francia para financiar las donaciones en las escuelas tunecinas. Pero Lotfi Hamadi espera desarrollar esta economía circular en 2024. Además, el proyecto no se detiene ahí: "A largo plazo, esperamos abrir nuestros propios talleres y fabricar estas bragas menstruales nosotros mismos".